El mes pasado luego de ir a un concierto llegué a mi casa a descansar sin saber que en cuestión de horas la vida me iba a sorprender ya cambiar para siempre. Una molestia que parecía muscular en el brazo izquierdo me despertó entrada la madrugada y por precaución y aprovechando que tenía unos exámenes pendientes pasados por urgencias de la Clínica Marly, donde en cuestión de minutos y luego de un par de exámenes me diagnosticaron un infarto.
Pensé que se trataba de un error porque, aunque tenía algo de sobrepeso, los últimos años venían haciendo deporte con disciplina y había dejado de fumar definitivamente luego de casi 2 décadas. De hecho, en los primeros 9 meses de 2025 competí en 3 medias maratones, una carrera de montaña en Italia y en la vuelta a San Andrés. en el recorrido de 32 kilómetros. En 2023 hice la maratón de Chicago, en 2024 corrí en Miami y me certifiqué como buzo y gozaba de buena salud en general. Nunca había estado en un hospital.
Conectado a varios aparatos en la UCI coronaria de la clínica y con algunas preguntas de los médicos se fue aclarando el panorama. Mi abuelo había muerto años atrás de un infarto fulminante y mi papá había sufrido un infarto a los 57, un patrón que se repitió en mi caso antes de los 40 y que coincidía con los resultados de los exámenes cardíacos y el cateterismo que me hicieron ese mismo día.
Juan Fraile durante su hospitalización. Foto:cortesia
Salí de la UCI con 3 stends, una orden para 36 sesiones de terapia de rehabilitación cardiovascular, 6 medicamentos permanentes y una recomendación para bajar al menos 15 kilos y 12 centímetros de grasa abdominal. El internista, el cardiólogo y el intensivista coincidieron en que la suerte corrió de mi lado pues si me hubiera dado el infarto corriendo o buceando no estaría contando el cuento. Me salvó haber ido a tiempo a la clínica y mi disciplina deportiva de los últimos tres años.
Mientras me hacían el cateterismo, el cardiólogo me contaba como cada vez atiende a más pacientes menores de 40 con infartos producto de pésimos hábitos alimenticios o abuso de sustancias como la cocaína. Los infartos dejaron de ser un tema de la tercera edad.
‘Choque emocional’
El choque emocional es grande al no entender como podía estar pasando por esto a mi edad y en lo que se avecinaba para el resto de mi vida como paciente cardíaco. Al principio lo tomé con calma, luego pasó por una etapa de mucha preocupación y hasta vergüenza. “Qué estilo de vida estoy llevando que me produjo un infarto”, pensaba. Todo eso sumado a que estaba por cumplir años y resignado a que iba a tener que pasar esa fecha hospitalizado.
En la mañana del 28 de octubre me despertó un mensaje de mi esposa. Las enfermeras que me tomaron los signos vitales me felicitaron por mi cumpleaños y por mi frecuencia cardiaca. Pasado el medio día recibí cientos de mensajes de mis amigos que no sabían que había pasado y en la tarde tuve la mejor celebración de los últimos años. Mis papás, mi esposa, un ponqué saludable y un té. No necesitaba una fiesta y mi felicidad fue el alta médica que llegó 12 horas después. Que mejor regalo que saber que regresas a casa.
En 48 horas estaba saliendo de la clínica caminando y sorprendido de como las enfermedades cardíacas parecieran ser la nueva pandemia. Las citas de cardiología son una lotería, los espacios de rehabilitación cardiaca siempre están llenos y los medicamentos post infarto son los más solicitados en los dispensarios de medicamentos de la ciudad.
Juan Fraile durante la media maratón de Cartagena. Foto:cortesia
Pensando en que ya estaba bien y que iba a regresar a mi trabajo en Caracol Radio, la cardióloga me sorprendió con una incapacidad médica de 30 días. La orden era clara, debía dormir más, mejorar mi dieta, bajarle al ritmo frenético que llevaba y continuar haciendo ejercicio. Mis días transcurrirían entre las terapias, las vueltas para los medicamentos, solicitudes de laboratorio y recorridos por el supermercado en la sección de comida saludable.
Mi premisa de vida es siempre ver hacia adelante y resolver de la mejor manera; así lo hice con lo que me pasó y me impactó mucho la reacción de las personas. No podía creer lo que me había pasado y aunque intentaron por instinto ser condescendientes, se daban cuenta de que yo seguía siendo el mismo solo que con un remiendo en una arteria. Hay vida normal y plena después de un infarto y ese es mi nuevo mantra. El incidente cardíaco no me define ni me limita. Una semana después de salir de la clínica estuve en el concierto de Shakira y luego en el de Dua Lipa. El médico me prohibió preocuparme y estresarme y eso es muy difícil para un periodista hincha de Millonarios.
Un mes antes de mi infarto como todos los años desde que empecé a correr me inscribí en la lotería de la maratón de Berlín, pero esta vez con mi esposa y con la excusa, de que si salíamos favorecidos habría motivación para entrenar y bajar de peso para llegar flaco a los 40. En plena rehabilitación cardíaca y buscando en mi correo una orden para reclamar medicamentos, recibiendo un mail con la noticia de que habíamos sido unos de los ganadores del sorteo entre 1,1 millones de personas que como yo pusieron sus ilusiones en esa rifa casi imposible de ganar.
Seis semanas despues del infarto Ya estoy por terminar mi programa de rehabilitación cardíaca, perdí casi 10 kilos y empecé a trotar de nuevo.
Se vienen meses de mucha disciplina, autocuidado, dieta, entrenamientos guiados y acompañados por un profesional y todos los exámenes que hagan falta para determinar si voy a poder correr la maratón de Berlín en la víspera de mi cumpleaños 40. Todo apunta a que es posible lograrlo.
Como corredor tuve periodos de mucha fiebre por los tiempos y los registros personales. Hoy correr es mi terapia y lo hago sin afán sabiendo que entre más despacio corra más certeza tengo de que voy a llegar al final del recorrido.
JUAN FRAILE – PARA EL TIEMPO



