La desnutrición infantil y la inseguridad alimentaria siguen siendo uno de los mayores retos sociales en La Guajira, un territorio donde las distancias, los altos costos de transporte y las condiciones económicas de las comunidades dificultan el acceso regular a los alimentos. Frente a este panorama, el Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha, que nació en 2019, ha consolidado un modelo de intervención que combina atención inmediata con procesos de desarrollo comunitario y sostenibilidad.
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Más allá de la entrega de alimentos, la organización ha impulsado la creación de microhuertas comunitarias, galpones de gallinas ponedoras, tiendas solidarias y comedores infantiles, con el objetivo de fortalecer la autonomía de las comunidades y mejorar de manera estructural la calidad de vida de las familias, en especial de los niños y de las mujeres gestantes y lactantes.
En entrevista con EL TIEMPO, Rebeca Badillo Jiménez, directora ejecutiva del Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha, detalla cómo funciona este modelo en el territorio, cómo han logrado recuperar nutricionalmente a niños en riesgo extremo y por qué las alianzas con empresas y benefactores son fundamentales para seguir combatiendo el hambre en La Guajira.
Rebeca Badillo, directora ejecutiva del Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha. Foto:Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha
De acuerdo con Badillo, en dicho departamento existen más de 13.500 rancherías wayúu y el banco de alimentos ha intervenido en 235 comunidades indígenas, de las cuales 38 cuentan hoy con un modelo de autosostenibilidad y desarrollo social comunitario orientado a la transformación de comunidades vulnerables en territorios alimentariamente seguros.
Además, la organización atiende zonas urbanas de municipios como Maicao, Manaure, Dibulla y el distrito de Riohacha, a través de una red de aproximadamente 156 organizaciones comunitarias, que permiten extender la entrega de alimentos, productos y, sobre todo, la generación de capacidades organizacionales y comunitarias en los territorios donde intervienen.
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¿Qué ha significado para el Banco de Alimentos el trabajo que han venido realizando en La Guajira y cómo se ha materializado en las comunidades?
El trabajo en La Guajira tiene significado entender que no podemos limitarnos a la entrega de alimentos. Para el desarrollo de las comunidades creamos unidades productivas de cultivo y microhuertas comunitarias. Creamos galpones de pollo de gallinas ponedoras y montamos tiendas solidarias. Todo esto hace parte de un proceso integral que busca generar capacidades y sostenibilidad dentro de las comunidades.
¿Qué papel cumplen las tiendas solidarias dentro de ese modelo?
Nosotros abastecemos semanalmente las tiendas para que las comunidades tengan acceso y disponibilidad de alimentos. De esta manera, esos costos tan altos que ellos tienen para desplazarse desde las comunidades hasta los centros urbanos se les traducen en economía y pueden convertirlos directamente en alimentos. Es un impacto muy importante porque reduce gastos y mejora el acceso permanente a productos básicos.
Desde 2019, el Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha ha intervenido en 235 comunidades. Foto:Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha
Además de la alimentación, ustedes han impulsado otros programas como el turismo solidario. ¿En qué consiste esa iniciativa?
Capacitamos a las comunidades que tienen potencial turístico para que puedan recibir a potenciales benefactores que vivan una experiencia de turismo solidario transformador. La idea es que estas personas se conecten con nuestra causa, puedan apadrinar niños o brindar donaciones. Es una forma de generar conciencia y de crear lazos duraderos con quienes conocen de primera mano la realidad del territorio.
¿Qué tipo de material de apoyo brinda para fortalecer estos procesos?
Brindamos infraestructura que nos permite desarrollar los proyectos. Dotamos las tiendas solidarias donándoles enfriadores a las mujeres, dándoles menaje para que los niños tengan sus utensilios en los comedores y puedan desarrollar sus procesos alimentarios. También montamos comedores para los niños y compramos pollos a las comunidades, generalmente a cinco o seis familias que se encargan de criarlos. Además, compramos semillas y herramientas para quienes desarrollan los microcultivos o huertas.
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Uno de los temas que ustedes resaltan es el impacto de la alimentación en el desarrollo mental y psicosocial de los niños. ¿Cómo lo han evidenciado en La Guajira?
Los niños que hacen parte de nuestros comedores comunitarios son niños que han sido recuperados nutricionalmente. Cuando identificamos un caso extremadamente grave, con riesgo inminente de muerte por causas asociadas a la desnutrición, actuamos inmediatamente con el programa Salvando Vidas. A través de padrinos tenemos un fondo solidario común que nos permite brindar asistencia a esos niños para recuperarlos y luego integrarlos a nuestros comedores ya nuestras dinámicas de alimentación y nutrición.
El Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha atiende a comunidades wayúu y población urbana. Foto:Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha
¿Qué tipo de acompañamiento garantiza ese proceso de recuperación?
Contamos con un equipo profesional multidisciplinario que permite no solo el desarrollo de las unidades socioproductivas, sino también que la calidad alimentaria y nutricional de las familias que atendemos se evidencia. No es un secreto que un niño que sufre desnutrición se convierte en un adulto con menores capacidades, con menor coeficiente intelectual y con menos oportunidades laborales para generar ingresos y sostener a su familia.
¿Cómo incide esta realidad en las familias wayúu?
Las familias wayúu son muy numerosas. Los esfuerzos que hacen las madres tejiendo y los hombres en las pocas labores que pueden desempeñar no son suficientes para garantizar la ingesta necesaria que requieren los niños. Esto afecta especialmente a las mujeres en condición de gestación o lactancia, que no logran consumir los nutrientes suficientes en un día. Ahí es donde el banco de alimentos complementa con programas de beneficio alimentario y nutricional, pero también crea condiciones para motivarlos y orientarlos hacia la autogestión.
El Banco de Alimentos de Riohacha ha logrado recuperar nutricionalmente a niños en riesgo. Foto:Banco de Alimentos de la Diócesis de Riohacha
En estos años de trabajo, ¿cuál ha sido una de las situaciones más difíciles que han enfrentado?
Son muchos los casos que nos han hecho fortalecer nuestro modelo de gestión. Como institución de la Diócesis de Riohacha, entendemos que, como iglesia, debemos crear intervenciones integrales para buscar la sostenibilidad y la mejora de las condiciones de vida de las comunidades. Hemos tenido casos en los que le hemos arrebatado niños a la muerte, concertando con las comunidades para que nos permitan llevarlos a centros hospitalarios y salvarles la vida.
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¿Qué implica ese acompañamiento en los casos más críticos?
Nos comprometemos con las familias y las comunidades a asistir a los niños mientras están en los centros hospitalarios, brindándoles alimentación, transporte, ropa y, en muchos casos, medicamentos. Hemos logrado salvar así a más de 70 niños. Todo nuestro proceder se da bajo la orientación del obispo del territorio, con una visión clara de no brindar solo asistencia, sino desarrollo sostenible integral.
¿Qué tan importantes son las alianzas para el trabajo diario del Banco de Alimentos?
Son fundamentales. La Asociación De Bancos De Alimentos De Colombia (Abaco) fue creada para abrir y gestionar alianzas que fortalezcan el accionar de los bancos de alimentos, y cumpla esa misión. Gracias a esto nos sentimos acompañados y fortalecidos, porque se negocian acuerdos con benefactores de acuerdo con sus intereses, capacidades y los objetivos de cada proyecto, logrando su vinculación a nivel nacional.
Finalmente, ¿qué mensaje le envía a las empresas que pueden o quieren apoyar esta iniciativa?
Es un llamado a la acción desde el corazón de La Guajira. Necesitamos ayuda, no lo podemos hacer solos. Lo que para una empresa puede parecer poco, para nosotros es mucho. La donación de sábanas que se cambian en un hotel, muebles que ya no se utilizan, productos que no se van a comercializar, campañas internas de voluntariado o microdonaciones hacen una diferencia enorme. Con poco hacemos mucho.
Agradecemos a todas las empresas y benefactores que están unidos a los bancos de alimentos a través de Ábaco y de manera directa, como Latam Airlines y su Avión Solidario, que nos ayuda a movilizar alimentos desde lugares distantes hasta La Guajira. Invitalos a seguir apoyándonos en especie, en dinero o en tiempo, para continuar juntos la lucha contra el hambre y la desnutrición infantil en La Guajira.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
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