La pasteleria dominicana revolucionaria tras la aprobacion de una nueva fórmula: «Merengue y suspiro estabilizado para la elaboración de decoraciones y terminaciones en pastelería y su uso», desarrollado por la chef pastelera Lilliam Fujii Ricartuna creadora que ha unido ciencia, tradición y técnica.
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Su patente, registrada tras varios años de investigación y revisión, propone una metodología clara para lograr un suspiro dominicano más estable, funcional, adaptado al clima del caribepero sobre todo enseñar.
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Fujii, de 46 años, nació en Japón y llegó a la República Dominicana a los seis años. Aunque ha cocinado desde siempre, fue a partir de los 30 cuando decidió especializarse académicamente en pastelería. Hoy es propietaria de LilliRD y se desempeña también como chef ejecutivo de la pizzería Madonna.
«Esta patente lo que busca es primer documental en qué consiste un bizcocho dominicano… y lo segundo es darle al repostero una metodología para que rinda más el tiempo»chef pastelera
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La motivación detrás de la patente no surgió del azar, sino de una inquietud constante por encontrar un método que permita reproducir resultados de alta calidad de forma consistente.
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«Para mí es muy importante en el proceso de la creación la metodología científica. Entonces, aunque la palabra crear se asocia mucho con arte, para mí el arte tiene que tener como disciplina y metodología”, explicó.
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Durante años, mientras decoraba bizcochos y exploraba técnicas internacionales, Fujii se preguntaba por qué el suspiro dominicano -tan característico- no ofrece la estabilidad necesaria para decoraciones más complejas. «Tiene que haber una forma de lograr estas decoraciones que se hacen en crema de mantequilla y en otras técnicas americanas, coreanas, inglesas, como el suspiro de nosotros», recordó.

sostenibilidad
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El resultado fue un proceso basado en ensayo, error y documentacion rigurosa. «Logramos crear una metodología que logra que el suspiro dominicano sea mucho más estable», señaló.
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Entre los beneficios del suspiro estabilizado se encuentran la posibilidad de conservarlo y reutilizarlo, decorar con antelación y garantizar un acabado más limpio y duradero. «Garantiza más eficiencia con el repostero dominicano. Tiene un producto que le va a quedar consistentemente bien y mejora el producto final», detalló.
Características:
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· Evita que se formen costra.
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· Dura más tiempo dentro y fuera de la nevera.
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· No se separan del almíbar.
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· No pierde volumen (no se baja).
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Esta nueva formula parte de una reflexión sobre la identidad gastronómica nacional. «Normalmente la gastronomía de un país es fruto de su clima y de su geografía. Aquí en este país sembramos caña, es caluroso, muy húmedo. Entonces, aquí se conserva mucho con azúcar y con sal», explicó el chef.
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Desde esa lógica, esta nueva técnica de suspiro -hecha a base de clara de huevoazúcar, almíbar y un poco de ácido- se convierte en un elementos naturales del bizcocho dominicano.
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La innovaciónsin embargo, no busca desplazar la tradición, sino fortalecerla. «Esta patente lo que persigue es primer documental en qué consiste un bizcocho dominicano… y lo segundo es darle al repostero dominicano una metodología para que su tiempo rinda más».
Patente para compartir
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Lejos de concebir la patente como un conocimiento cerrado, Fujii insiste en que su objetivo principal es que otros reposteros puedan aprender y aplicar la técnica correctamente. «Y que, si alguien busca un día, ¿qué es lo que es el bizcocho dominicano?, ¿qué es lo que es el suspiro dominicano? haya una documentacion de lo que es el suspiro dominicano«, señaló.
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La técnica no está limitada solo a su cocina. Actualmente, trabaja en la formación de reposterosimpartiendo cursos basicos Delaware decoracióntanto de manera online como presencial.
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«Nosotros damos clases para eso, para enseñarles correctamente cómo se debe preparar», dijo.

Para Fujii, el valor del invento va más allá de lo técnico. «Esto, más que una patente, para mí es una patente para que la comunidad repostera pueda mejorar su forma de trabajo y tenga un producto más consistente y de mejor calidad».
El camino hacia la patente tomó alrededor de cuatro años de registro formal, tras un desarrollo previo de la técnica. «Fue un trabajo de mucha revisión… a veces es más difícil de aclarar lo que es la novedad de lo que hicimos», recordó sobre el proceso ante la Oficina Nacional de la Propiedad Industrial (Onapi).
El apoyo de su esposo fue clave. «Él fue quien me ayudó a redactarlo», continuó. Y aunque al inicio no dimensionaron el impacto del proyecto, el reconocimiento final los sorprendió. «Cuando finalmente nos dijeron que salió, fue como, wow… yo lloré cuando me llamaron».
Además del impacto inmediato en la pastelería, Fujii ve la patente como un primer paso hacia la preservación del conocimiento culinario dominicano. «Si no empezamos un proceso de documentación, algunos se van a perder… hay muchísima información valiosa que después va a ser más difícil de rescatar», advirtió.



