La historia concede un lugar destacado para aquellas personas que llegaron del exilio, tras la dictadura, y se involucraron en la Transición o para las que tuvieron un papel destacado durante la Guerra Civil. A los que transitaron entre uno y otro momento y llegaron “exhaustos” o simplemente no llegaron a la caída del régimen, no se les brinda el mismo lugar. Algunos de ellos se habían preparado para una transición que no fue en momentos en que el régimen franquista parecía tambalearse, como en 1947 y 1948, cuando las delegaciones diplomáticas abandonaron España –solo Portugal, Argentina y la Nunciatura del Vaticano se mantuvieron– y se cerró la frontera con Francia; o en el posterior Congreso de Múnich de 1962, cuando la oposición al franquismo del interior y del exterior se reunió y se vislumbraba cerca del final de un régimen que a la postre sobrevivió trece años más, hasta 1975.
El exdiputado convergente Jordi Xuclà, ahora ya fuera de la primera línea política, repasa en Los catalanes en la guerra freda cultural i l’europeisme (Catarata) la historia de una serie de catalanistas que tuvieron un papel relevante en el ámbito europeo, después de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, aunque en la Transición quedaron fuera del radar, no siempre por voluntad propia. Nada indica que eran espías, pero algunos participaron en movimientos vinculados a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que promovía entonces el europeísmo y el anticomunismo como contrapeso a los tentáculos del comunismo soviético en la Europa de la postguerra.
«El caudal emocional más importante de los catalanes estaba relacionado con la Guerra Civil y los dos bandos, ganadores y perdedores. A veces no se aplicó el filtro de que después le siguió la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría», ha expuesto Xuclà este martes en Espai Línia durante la presentación del libro, que se centra en el periplo vital de personajes relacionados con el Congreso de La Haya de 1948, encabezado por Winston Churchill, en la que se considera la «primera gran reunión para los fundamentos de Europa”, en palabras del autor, con el Congreso por la Libertad de la Cultura de Berlín en 1950, una plataforma de la “guerra fría cultural” financiada con fondos de la agencia americana a través de la Fundación Ford, o con el Congreso de Múnich de 1962, tratado de “contubernio” por la prensa del régimen y en el que se proclamó que “la Guerra Civil había terminado” tras el abrazo de José María Gil Robles (CEDA) y Rodolfo Llopis. (PSOE).
“Son personas que no llegaron a la Transición o lo hicieron exhaustas tras haberse reinventado en el exilio”, ha explicado Xuclà, que repasa la trayectoria del doctor Josep Trueta –presente en La Haya por azar, por ser vecino de Salvador de Madariaga en Oxford–, del profesor de derecho y político durante la Segunda República Josep Xirau, que acabó trabajando en la Unesco y en las Naciones Unidas y sin poder recuperar su cátedra, o de un personaje como Enric Adroher, conocido. políticamente como ‘Gironella’, que aunque provenía del POUM acabó vinculado a la CIA y al anticomunismo. “Tuvieron que recomponer su vida”, ha dicho todos ellos.
Gironella, según ha remarcado, al regresar a su tierra, tras la dictadura, trató de encabezar la lista del PSC por Girona para las Cortes Generales en 1977, pero su pasado, vinculado al movimiento revolucionario, pesó entre “las familias de Girona”, donde su periplo europeo bajo el nombre de ‘Henry’ y sus vínculos con el anticomunismo pasaron inadvertidos. Los socialistas optaron por Ernest Lluch.
En resumen, todos ellos participaron en acciones, congresos y movimientos financiados por la agencia americana con tal de promover el antitotalitarismo, el anticomunismo y un europeísmo que hicieron de contrapeso a la influencia rusa que se expandía desde el este del Viejo Continente. Xirau y Trueta participaron en la delegación española en el Congreso de La Haya junto a De Madariaga e Indalecio Prieto, entre otros. También Gironella, que partió a México en 1939 con Julián Gómez ‘Gorkin’, estuvo allí y tuvo más adelante en Múnich un papel destacado como organizador. En había 1947 regresó a Europa y participó en la fundación del Movimiento Socialista por Estados Unidos de Europa, un embrión del Partido Socialista Europeo y era amigo de Altiero Spinelli.
En la presentación, en la que el periodista Lluís Falgàs ha acompañado a Xuclà, se hablaba de personas vinculadas al anticomunismo de los años del Telón de Acero y se ha esquivado el célebre axioma de Karl Marx de que “la historia se repite primero como tragedia y después como farsa”, pero Xuclà ha hecho alguna que otra concesión ante la insistencia de su contertulio.
Leyendo este libro se entiende porque Jordi Pujol y Ramon Trias Fargas no se entendían, aunque Pujol no sale
Durante el coloquio ha destacado que leyendo este libro “se entiende porque Jordi Pujol y Ramon Trias Fargas no se entendían”, aunque el expresidente no aparece en el libro en ningún momento. “Trias Fargas era yerno de Trueta y vivió media vida conociendo a los europeístas”, ha detallado Xuclà, que durante su trayectoria política estuvo vinculado a Europa como miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y ahora preside el Consell Català del Moviment Europeu. El expresidente, en cambio, “no estuvo en contacto con todo ese mundo”, ha remarcado. “No sale en el libro y en aquellos momentos fundaba las delegaciones de Banca Catalana que luego serían las agrupaciones locales de Convergència”, ha proseguido el autor, que ha afirmado que “Pujol entronca más con la lógica de la Guerra Civil que la de la Guerra Fría” y que la primera pesó más cuando votó después de la dictadura.
Al abordar este asunto, de manera fugaz tras haber esquivado en todo momento paralelismos con el presente, Xuclà ha tendido un hilo que ha conectado con los últimos años de la política catalana, en los que él ha estado involucrado. “Hace diez años, en el 2017, ya pasó eso, había dos códigos sobre cómo ver las cosas”, ha apuntado el exdiputado, que dejó la política y se reinventó como profesor universitario y doctor en Comunicación.
«Son historias fascinantes de personas a las que se les rompió la vida en 1939 y tuvieron que recomponerse. No es un libro de autoayuda pero explica la vida de gente que las pasaron canutas y cuando volvió del exilio ya no pide nada a cambio porque la memoria es muy corta», ha concluido el exdiputado gerundense, que ha hecho un inciso para subrayar que «la memoria, en política, aún es más corta». “Quizá mi subconsciente me ha hecho escribir el libro para explicarme algunas cosas”, ha rematado.
Falgàs, que le ha acompañado de manera accidental en la presentación del libro, el primero de Xuclà en solitario, ha remarcado que se trata de una obra que “no caducará” en los próximos meses o años mientras que el autor ha comenzado justificándose por adentrarse en el terreno de los historiadores y los periodistas. “Soy un abogado que ha hecho un libro de historia y de ensayo”, ha avisado.
Y aunque en la sala había diversas personas que estuvieron vinculadas en su día a Convergència, como el abogado Joaquim Llimona, Marta Pascal o Germà Gordó, así como el actual secretario general de la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC) –cargo que ocupó Xuclà de 1998 al 2002–, Aleix Agustí, el partido de Pujol, que estaba invitado a la presentación y no ha podido asistir, solo ha hecho acto de presencia cuando se ha hablado de la visión contrapuesta de Trias Fargas y del expresidente. Hay vida más allá de CDC.




